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A fines de la década del 80, Silvia Varela Torres  tuvo la oportunidad de 01continuar con un emprendimiento: un pequeño kiosco que debía moverse de un lugar a otro ya que solo tenía permiso municipal. En una polvorienta calle Balmaceda vendía pan con mortadela y empanadas acompañada junto a su pequeño hijo Gabriel, que hoy le apoya en la cocina.

Unos pocos años después, a comienzos de los noventa, ya contaba con un kiosco fijo, hecho por su esposo, establecido con algunas mesas y una oferta gastronómica un poco más amplia que incluía sándwiches, papas fritas y pollo asado solicitados por los mismos clientes, así nació Cafetería Al Paso, que recibía a todos quienes llegaban en bus a la comuna.

La tarde del domingo 8 agosto del año 1993 se abrió una nueva cafetería comercial en la primera galería comercial, pleno corazón de Futrono. Un lugar donde apoyada por su familia podía entregarle un mejor servicio a los clientes de la  época; gente de campo, vendedores y, en esos años, los primeros turistas que visitaban la comuna.

03Los clientes estaban contentos con el servicio, pero querían algo más, percibían el aroma de una cazuela o unas guatitas picantes que por esos años eran el almuerzo familiar y también el de las personas que nos apoyaban en nuestro emprendimiento. Con el giro de restaurant se concretó la posibilidad de ampliar la oferta gastronómica a platos más elaborados, pero siempre con el sabor de lo que se comía en casa, esos guisos y postres heredados de nuestras abuelas.

Algunos de nuestros clientes, para ser más precisos nuestros proveedores, nos pedían pichanga, plato que para nosotros era desconocido, poco a poco la fuimos aprendiendo y mejorando, siempre buscando los mejores ingredientes.  Hoy es uno de los platos más vendidos.

En octubre del año 2000 un incendio consumió toda la galería en la que se encontraban muchos locales  comerciales, entre ellos Restautant La Guarida.  Ese  lugar que nos albergó por siete años ya no existía. Recuerdos, anécdotas y mucho esfuerzo puesto en mejorarlo se perdían para siempre. Pero nuestras ganas de seguir trabajando y salir adelante seguían intactas, a los pocos días nos reinstalamos en un nuevo local.

Los siguientes cuatro años fueron  prósperos, la gente  fue solidaria. Muchas jornadas la cocina permanecía funcionando hasta pasada la medianoche. Las pichangas y el pollo con papas fritas no paraban.

El sueño del restaurant propio se alcanzó finalmente en octubre de 2004 y desde entonces  siempre hemos buscado mantener la calidad, el sabor y calidez que prefieren los clientes que nos visitan.

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A  fines del 2012 sufrimos la perdida de una persona  muy importante para la familia, fallece Marta Elizabeth Cárcamo, “la señora martita”, una colaboradora que durante 17 años estuvo a  nuestro lado, acompañándonos  en duros momentos, siempre con su tierna sonrisa.

Como ella son muchas las personas que con su trabajo,  entrega, compromiso y  lealtad   han contribuido a construir este proyecto que nunca  termina, porque  siempre buscamos mejorar nuestros productos y mejorar este lugar, un espacio para comer en familia o si estas de paso por trabajo. Un objetivo que perseguimos día a día gracias a la colaboración de un gran equipo de personas.

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